Fui a Cusco porque me dijeron que acá vivía mi hermana, una tal Juliana Torres. Mi padre adoptivo me lo confesó. Y yo le prometí que iría a verla en cuento él muriera. Le me apretó mi brazo en señan de que tenía que hacerlo, pues él estaba por morirse y yo en plan de acatar todo. "No dejes de visitarla -me recomendó. Se llama de este modo y de este otro. Estoy seguro de que se alegrará de conocerte." Entonces no pude hacer otra cosa sino prometerle que así lo haría, y de tanto prometer que así lo haría, y de tanto prometer se lo seguí prometiendo aún después de que me costó alejarme de él ya muerto y con una sonrisa en el rostro.
Lo escrito anterior es un fragmento del libro "Pedro Párramo" de Juan Rulfo. Espero que se percaten que este fragmento no es parecido al del libro.
